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Diez años que cambiaron las MPN: de controlar síntomas a cambiar la enfermedad

hace 4 días
7 min de lectura

Entre 2015 y 2026, la investigación en policitemia vera (PV), trombocitemia esencial (ET) y mielofibrosis (MF) ha cambiado de forma profunda. Hace una década, la conversación se centraba sobre todo en controlar los recuentos sanguíneos, prevenir complicaciones y aliviar síntomas. Hoy se habla también de perfiles genéticos, carga mutacional, tratamientos dirigidos, calidad de vida y participación activa de los pacientes en la investigación.


Dónde estábamos hace diez años


Hasta 2008, estas patologías se conocían como enfermedades mieloproliferativas crónicas, una expresión que describía una médula ósea que producía demasiadas células, pero no explicaba del todo el origen del problema.


El cambio de nombre a neoplasias mieloproliferativas reflejó una comprensión más precisa de su biología. Tras el descubrimiento de la mutación JAK2 V617F en 2005, quedó claro que estas enfermedades se originan en una expansión clonal, es decir, en una célula madre de la sangre que adquiere una alteración y transmite esa señal a sus descendientes.


Este cambio no fue solo semántico. También modificó la forma de investigar. Ya no bastaba con controlar el hemograma. La gran pregunta empezó a ser si algún tratamiento podría actuar sobre el clon enfermo y modificar el curso de la enfermedad.


Hace una década, el tratamiento de las MPN se apoyaba en herramientas conocidas: aspirina, flebotomías en policitemia vera e hidroxiurea para reducir recuentos. Ruxolitinib, un inhibidor de JAK, había abierto una etapa nueva en mielofibrosis y en policitemia vera resistente o intolerante a hidroxiurea, especialmente por su impacto en el tamaño del bazo y los síntomas.


Aun así, quedaban necesidades importantes: opciones para pacientes con plaquetas muy bajas, tratamientos mejor adaptados a la anemia, estrategias con impacto en el clon enfermo y formas más precisas de diagnosticar y clasificar cada enfermedad.



Una década de hitos


En 2015, ruxolitinib fue aprobado en Europa para la policitemia vera, y el índice revisado IPSET-thrombosis ayudó a refinar la clasificación del riesgo en trombocitemia esencial.


En 2016, la clasificación de la OMS reconoció formalmente la mielofibrosis prefibrótica y bajó los umbrales diagnósticos de la policitemia vera. Esto permitió identificar mejor casos que antes podían pasar desapercibidos o recibir una etiqueta menos precisa.


Entre 2017 y 2018, llegaron modelos pronósticos con mayor peso genético, como MIPSS70, MIPSS70+ v2.0, GIPSS y MYSEC-PM. El pronóstico comenzó a depender no solo de la edad, los síntomas o el hemograma, sino también del perfil mutacional y del cariotipo.


En 2019, la EMA aprobó ropeginterferón alfa-2b para policitemia vera, y la FDA aprobó fedratinib para mielofibrosis. Fue una señal clara de que el campo empezaba a diversificarse.


En 2021, el estudio LOW-PV mostró que añadir ropeginterferón a las flebotomías podía mejorar el control del hematocrito incluso en pacientes de bajo riesgo. Ese mismo año, la FDA aprobó BESREMi para policitemia vera.


En 2022, un trabajo publicado en Nature reconstruyó la historia de vida de las MPN y mostró que la mutación JAK2 puede adquirirse muchos años antes del diagnóstico, incluso en etapas muy tempranas de la vida. Esta idea tuvo un impacto científico y emocional importante: para muchas personas, ayuda a entender que la mutación inicial no fue causada por algo que hicieran en la edad adulta.


Entre 2022 y 2023, nuevos inhibidores de JAK ayudaron a cubrir algunas necesidades no resueltas. Pacritinib fue aprobado en Estados Unidos para pacientes con mielofibrosis y plaquetas bajas, y momelotinib abrió una vía importante para pacientes con mielofibrosis y anemia.


En 2024 y 2025, el campo siguió avanzando con datos de vida real, registros nacionales, nuevas combinaciones, modelos pronósticos más sofisticados y tratamientos dirigidos contra alteraciones concretas, como los anticuerpos frente a CALR mutada, todavía en investigación.


En 2026, dos aprobaciones recientes en Estados Unidos han marcado otro momento relevante para la comunidad MPN: MIMRYLO™ (rusfertide) para adultos con policitemia vera y BESREMi® (ropeginterferón alfa-2b) para adultos con trombocitemia esencial.




Entender mejor la enfermedad

Uno de los grandes motores de esta década ha sido la comprensión biológica de las MPN.

El descubrimiento de las mutaciones de CALR a finales de 2013 ayudó a explicar muchos casos que antes no tenían una mutación conductora identificada. Hoy, esa misma proteína se ha convertido en una de las dianas más prometedoras en investigación.


La secuenciación de nueva generación también ha cambiado la consulta. Mutaciones como ASXL1, SRSF2, EZH2, IDH1, IDH2 o TP53 pueden aportar información relevante sobre el pronóstico y ayudar a orientar decisiones clínicas, especialmente en mielofibrosis.


También ha ganado presencia el concepto de valor alélico o carga alélica, conocido como VAF por sus siglas en inglés, variant allele frequency. Este dato indica qué proporción del material genético analizado procede de células que llevan una determinada mutación.


«La mutación no la causó nada que hicieras de adulto: en la mayoría de los casos ya estaba ahí en la infancia. Lo que aún no sabemos bien es qué determina que tarde once años en manifestarse o cincuenta y cuatro.» Idea central del estudio deNature(2022) sobre el origen de las MPN.

De forma sencilla, el VAF ayuda a medir no solo cuánto se nota la enfermedad en los recuentos sanguíneos, sino cuánta presencia tiene el clon mutado en la muestra analizada.

Su valor es especialmente importante en investigación, porque permite observar si un tratamiento está reduciendo el clon enfermo y no solo controlando sus consecuencias. Aun así, conviene entenderlo con prudencia: el VAF no es todavía un objetivo de tratamiento de rutina para todos los pacientes, y pequeños cambios entre analíticas no deben interpretarse sin contexto médico.


De aliviar síntomas a intentar modificar la enfermedad


Durante años, el listón principal para muchos tratamientos fue reducir el tamaño del bazo, mejorar síntomas o controlar los recuentos sanguíneos. Hoy, la investigación aspira a algo más ambicioso: modificar el curso de la enfermedad.


Dos líneas destacan especialmente.

La primera es el interferón, y en particular ropeginterferón alfa-2b. Los datos de seguimiento a largo plazo en policitemia vera han mostrado no solo control hematológico, sino también reducción sostenida de la carga mutacional en algunos pacientes. Esto no significa que todos los pacientes deban recibir interferón, ni que el beneficio sea igual para todos, pero sí ha reforzado su papel dentro del debate sobre tratamientos con potencial modificador de la enfermedad.

La segunda línea son los tratamientos dirigidos contra CALR mutada. Los primeros datos de anticuerpos como INCA033989 han generado gran interés porque apuntan a una estrategia muy específica: reconocer células con calreticulina mutada y actuar sobre ellas. Son datos prometedores, pero todavía pertenecen al terreno de la investigación clínica. Estos tratamientos no están aprobados y deben evaluarse en estudios más amplios.


También ha habido resultados que recuerdan la importancia de la prudencia. Algunos fármacos han mostrado actividad sobre el bazo, pero no han alcanzado de forma suficiente objetivos relacionados con síntomas o calidad de vida. Esta evolución es importante: el campo está aprendiendo que no basta con mejorar una variable clínica si la persona no se encuentra mejor.


España: de participar a generar evidencia


España ha tenido un papel cada vez más visible en la investigación en MPN durante esta década. El trabajo de GEMFIN, el grupo cooperativo español dedicado a las neoplasias mieloproliferativas, ha contribuido a generar consensos, registros y estudios de vida real. Estos datos son importantes porque reflejan cómo evolucionan las enfermedades fuera del entorno controlado de un ensayo clínico.


El Registro Español de Mielofibrosis, los registros de policitemia vera y trombocitemia esencial, los estudios sobre resistencia a hidroxiurea, los modelos pronósticos basados en inteligencia artificial y las series de vida real con nuevos tratamientos han situado a equipos españoles dentro de la conversación internacional.


También hay retos pendientes. Que un fármaco esté aprobado en Europa no siempre significa que esté disponible o financiado en todos los países. El acceso sigue siendo una parte fundamental de la conversación.



La voz del paciente: de testimonio a parte del método

Uno de los cambios más importantes de la última década ha sido el papel de los pacientes.

Durante mucho tiempo, los ensayos se centraron principalmente en variables clínicas: recuentos, tamaño del bazo, progresión o trombosis. Hoy, los síntomas, la fatiga, el impacto en la vida diaria, la carga del tratamiento y la calidad de vida ocupan un lugar mucho más visible.


La encuesta internacional MPN LANDMARK mostró hace años una distancia importante entre lo que priorizaban muchos pacientes y lo que priorizaban muchos médicos. Para los pacientes, síntomas y calidad de vida eran cuestiones centrales. Para los médicos, la prevención de complicaciones y progresión tenía un peso mayor.

Ambas miradas son necesarias. El avance está en unirlas.


Herramientas como el cuestionario MPN-10 han ayudado a incorporar mejor la experiencia del paciente en los ensayos clínicos. Las asociaciones y fundaciones de pacientes participan cada vez más en congresos, revisiones, proyectos educativos y programas de investigación.


La voz del paciente es parte del método

Desde Global MPN, este cambio forma parte de nuestra misión: conectar a pacientes, familias, profesionales sanitarios, investigadores y organizaciones para que la experiencia de vivir con una MPN forme parte de las decisiones que dan forma al futuro de estas enfermedades. La voz del paciente ya no debe ser un añadido al final de la conversación. Debe formar parte del método.


Lo que viene

La próxima década ya ha empezado. Algunas líneas de investigación buscan reducir la carga de flebotomías en policitemia vera. Otras exploran estrategias dirigidas contra CALR mutada, nuevos enfoques inmunológicos, tratamientos combinados, mejores herramientas pronósticas y un uso más inteligente de los datos de vida real.


El trasplante de progenitores hematopoyéticos seguirá siendo una opción relevante para determinados pacientes con mielofibrosis, pero su indicación continuará requiriendo una valoración muy individualizada.


Los registros y modelos pronósticos también serán clave para avanzar hacia una medicina más precisa, capaz de adaptar mejor las decisiones a cada persona y no solo a categorías generales de riesgo.


Diez años después, las MPN siguen siendo enfermedades crónicas complejas. No todo está resuelto. Pero se diagnostican mejor, se comprenden con más profundidad y se investigan desde ángulos que antes apenas formaban parte de la conversación.


Para quienes viven con una MPN, eso no es una promesa abstracta. Es un horizonte que se ha movido.


Este contenido tiene finalidad informativa y divulgativa. No sustituye la valoración de un profesional sanitario ni constituye una recomendación de tratamiento. La disponibilidad de los tratamientos puede variar según el país. Las decisiones sobre tratamiento deben tomarse siempre junto con el hematólogo o especialista en MPN.


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